Nutrientes a partir de los 12 meses de edad


La ciencia señala las vitaminas B y C, así como el zinc y el flúor, como elementos importantes para el crecimiento natural y saludable de un bebé al superar el primer año de vida. Entre otros beneficios, estos nutrientes influyen especialmente sobre la producción energética, el funcionamiento metabólico, la actividad enzimática y el desarrollo de huesos y dientes.

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Vitamin C

Vitamina C


La vitamina C es importante para el funcionamiento metabólico y participa en muchos procesos corporales bioquímicos y fisiológicos, así como en reacciones enzimáticas, del cuerpo humano. Es posible absorber suficiente cantidad de vitamina C a través de una dieta equilibrada pero, si este no es el caso, puede ser necesario tomar suplementos.
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Zinc


El zinc es un mineral que afecta a procesos esenciales como la actividad catalítica de las enzimas y la cicatrización. Su déficit durante la infancia podría acarrear consecuencias graves para la salud. A pesar de que se puede ingerir zinc a través de los alimentos, es recomendable administrar suplementos de este elemento a los niños.
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Zinc
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Fluoride

Flúor


El flúor favorece el desarrollo de huesos y dientes, dado que contrarresta los efectos dañinos de la desmineralización. Como consecuencia de ello, este mineral debe administrarse como suplemento con fines preventivos, si bien debe evitarse un consumo exceso del mismo.
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Vitaminas del grupo B


El grupo B comprende una amplia gama de vitaminas como la vitamina B 9 (ácido fólico o folato) y la vitamina B 12 (cobalamina). Sus funciones se complementan entre sí y afectan a las reacciones enzimáticas y a la producción de energía, entre otros. Una ingesta apropiada de vitamina B es importante, debido a que no existe un sistema específico de almacenamiento de la misma en el cuerpo.
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Vitamins of the B-complex
  • Vitamina C


    La vitamina C, o ácido ascórbico, es un compuesto orgánico hidrosoluble necesario para un funcionamiento metabólico normal en el cuerpo y que participa en la biosíntesis de colágeno, catecolaminas, L-carnitina, aminoácidos y ciertas hormonas peptídicas. Se trata de un componente nutricional indispensable, puesto que los seres humanos no pueden sintetizarla mediante la ruta del ácido glucurónico. Esta vitamina tiene diversas funciones bioquímicas y fisiológicas en el cuerpo humano, principalmente debido a su capacidad para mostrar propiedades reductoras en varias reacciones (EFSA, 2013a). La vitamina C puede actuar como cosustrato o cofactor en las reacciones enzimáticas; participa en la síntesis de colágeno (presente en la piel, en los huesos, en los dientes y en los tejidos conectivos) y en el metabolismo del colesterol a ácido biliar. También es indispensable para la síntesis de carnitina (EFSA, 2013a).

    Además, la vitamina C se considera antioxidante porque puede proteger el cuerpo de los daños producidos por el estrés oxidativo. Asimismo, forma parte del metabolismo lipídico (participando activamente en la conversión de colesterol en ácidos biliares) y ejerce funciones extracelulares, como la de proteger las partículas LDL frente a la oxidación.

    Entre las fuentes nutricionales de vitamina C se incluyen las frutas del bosque o los cítricos (la naranja, por ejemplo), la papaya y el kiwi, y verduras como la coliflor, la col y el pimiento morrón. Los tejidos animales también contienen vitamina C, pero en menor cantidad. El déficit de vitamina C se asocia al escorbuto en adultos, que se caracteriza por síntomas relacionados con defectos en los tejidos conectivos debidos al debilitamiento de las estructuras de colágeno. En el caso de los bebés, podría estar asociado a defectos en el tejido óseo o a un deterioro en el crecimiento de los huesos, así como a osificación (Shenkin, 2008). Según la EFSA, no existen niveles máximos de ingesta admisible asociados a esta vitamina, dado que no existen pruebas sólidas de consecuencias evidentes provocadas por consumo excesivo o sobredosis de vitamina C (EFSA, 2013a).

    Se recomienda tomar suplementos de vitamina C cuando no se puedan alcanzar de otra forma las dosis sugeridas. Sin embargo, estas dosis propuestas varían en función de la fuente. Entre las recomendaciones se incluyen: Instituto Estadounidense de Medicina (2000):

    • 1-3 años: 15 mg al día
    • 4-8 años: 25 mg al día

    OMS/FAO (2004):

    • 0-6 meses: 25 mg al día, incrementando las dosis de forma gradual para niños más mayores
    • 6-59 meses: 30 mg al día

    EFSA (2013):

    • 1-3 años: 15 mg al día
    • 4-6 años: 25 mg al día

    DGE (2015):

    • 0 < 4 meses: 50 mg al día
    • 5 < 12 meses: 55 mg al día
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  • Zinc


    El zinc es un mineral esencial con una amplia gama de funciones fisiológicas vitales y está presente en todas las células del cuerpo. Es necesario para la actividad catalítica de las enzimas, y participa en el funcionamiento del sistema inmunitario, en la cicatrización, en la síntesis de ADN y de proteínas, e incluso en la división celular. Este mineral también favorece el crecimiento y desarrollo normal desde el embarazo hasta la infancia y la adolescencia (EFSA, 2014).

    Entre las fuentes nutricionales de zinc se incluyen la carne, las legumbres, los huevos, el pescado, los cereales y los productos a base de éstos (EFSA, 2014). No existen suficientes datos acerca de los efectos del déficit de zinc para la salud. Sin embargo, la carencia de zinc sí está asociada con la acrodermatitis enteropática en bebés (un trastorno metabólico que afecta a la ingesta de zinc). Debido a la diversidad de papeles que desempeña, unos valores bajos de zinc podrían afectar negativamente al sistema inmunitario y a otros procesos bioquímicos a nivel fisiológico. A pesar de que no se ha investigado en profundidad acerca de la ingesta excesiva de zinc, se cree que podría provocar trastornos neurológicos graves asociados al déficit de cobre (Hedera et al., 2009).

    En caso de que no se puedan alcanzar las dosis requeridas a través de los alimentos es recomendable administrar diariamente suplementos de zinc. El cuerpo no tiene un sistema especializado para el almacenamiento de zinc, lo cual hace que los suplementos resulten especialmente importantes cuando existe un déficit del mismo (Rink y Gabriel, 2000). Se han establecido recomendaciones nutricionales de zinc por parte de la OMS/FAO, el IOM (Instituto Estadounidense de Medicina) el Grupo Consultivo International sobre Nutrición del Zinc (IZiNCG), y la EFSA. En el análisis realizado por Gibson et al. (2016) se resumen las dosis diarias recomendadas de zinc según estas organizaciones (Gibson et al., 2016):

    OMS/FAO

    • 1-3 años: 2,4-8,3 mg al día
    • 4-6 años: 2,9-9,6 mg al día (los valores dependen de la biodisponibilidad de la fuente de zinc)

    IOM:

    • 1-3 años: 3,0 mg al día
    • 4-8 años: 5,0 mg al día

    IZiNCG

    • 1-3 años: 3 mg al día
    • 4-8 años: 4-5 mg al día

    EFSA

    • 1-3 años: 4,3 mg al día
    • 4-6 años: 5,5 mg al día (ingesta de referencia para la población; PRI por sus siglas en inglés)
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  • Flúor


    El flúor es un mineral natural extendido en la naturaleza y abundante en la corteza terrestre. A pesar de que no es esencial para un crecimiento y un desarrollo sanos, a nivel corporal está asociado a los tejidos calcificados como el de los dientes y los huesos. Tanto es así, que se ha utilizado para controlar el desarrollo de caries dentales durante siglos (Sampaio y Levy, 2011). El flúor no es esencial para el desarrollo de los dientes, pero la exposición al mismo ofrece beneficios relacionados con la mineralización, lo cual reduce el riesgo de formación de caries. La parte visible de la capa exterior de los dientes (el esmalte) pierde cristales minerales a diario. La pérdida de estos minerales se denomina desmineralización, y es la causante de la caries dental. La desmineralización se ve agravada por las bacterias presentes en la placa dental, que se alimentan de azúcares y producen ácidos que dan así lugar a la caries. El flúor refuerza los dientes favoreciendo la remineralización de los mismos y deteniendo la producción de ácidos por parte de las bacterias (EFSA, 2013b). El flúor también se ha identificado como un anabólico eficazpara favorecer la salud ósea. Puede aumentar la densidad ósea vertebral mediante el incremento de la osificación, sin reducir la mineralización de los huesos. El efecto de formación ósea antes mencionado tiene lugar mediante un incremento en la proliferación de osteoblastos (Lau y Baylink, 1998).

    Entre las fuentes alimenticias de flúor se encuentran la carne, el pescado, los huevos y ciertos tipos de sopas y tés. La exposición oral al flúor puede producirse también a través del agua, ya sea esta fluorada de manera artificial o incluso agua del grifo, dado que algunos países como Australia, Chile, Irlanda, Israel o Estados Unidos tienen programas de fluoración del agua (EFSA, 2013b). Existen fuentes adicionales como los suplementos o el flúor con receta médica, así como multitud de pastas de dientes, enjuagues y comprimidos. No se ha detectado la existencia de déficit de flúor en humanos hasta la fecha. Sin embargo, tal y como se afirma anteriormente, la falta de ingesta de flúor puede provocar una mayor susceptibilidad del esmalte a los deterioros por ácidos y, por consiguiente, una desmineralización de los dientes. Por otro lado, el consumo excesivo de flúor puede ocasionar molestias a nivel gástrico y renal, e interferir con el metabolismo de calcio y las actividades enzimáticas, lo cual podría resultar letal para los niños más pequeños (Whitford, 2011; Lech, 2011).

    Se recomienda tomar flúor para fines preventivos. Se han recomendado ingestas diarias y valores de referencia de nutrientes (VRN) por parte de diversos organismos sanitarios. La EFSA ha elaborado una tabla exhaustiva en la que se resumen los VRN recomendados por los siguientes organismos: el conjunto de países de Alemania, Austria y Suiza (D-A-CH), la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de Alimentos (Afssa), el Instituto Estadounidense de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias (IOM) y el Departamento de Salud de Reino Unido (DH) (EFSA, 2013b). Aparte de las recomendaciones por edades, la principal diferencia reside en el contenido de flúor del agua potable en cada uno del los países.

    D-A-CH:

    • 4-12 meses 0,5 mg al día
    • 1-4 años: 0,7 mg al día
    • 4-10 años: 1,1 mg al día (las dosis dependen del contenido de flúor del agua potable y de la edad)

    Afssa:

    • 6-12 meses: 0,2 mg al día
    • 1-3 años: 0,5 mg al día
    • 4-6 años: 0,8 mg al día
    • 7-9 años: 1,2 mg al día

    IOM: ·

    • 6-12 meses: 0,5 mg al día
    • 1-3 años: 0,7 mg al día ·
    • 4-8 años: 1 mg al día

    DH:

    • 6-12 meses: 0,12 mg al día
    • 1-6 años: 0,12 mg al día
    • 6-18 años: 0,05 mg al día

    En 2010, la Asociación Dental Estadounidense también redactó un programa nutricional de dosificación de suplementos de flúor para niños con alto riesgo de desarrollar caries (Rozier et al., 2010). A continuación presentamos un resumen de las recomendaciones clínicas más importantes: Menos de 0,3 ppm de concentración de flúor en el agua potable:

    • 0-6 meses: sin administración de suplementos
    • 6 meses - 3 años: 0,25 mg al día
    • 3-6 años: 0,5 mg al día

    Entre 0,3 y 0,6 ppm de concentración de flúor en el agua potable:

    • 0-3 años: sin administración de suplementos
    • 3-6 años: 0,25 mg al día

    Más de 0,6 ppm de concentración de flúor en el agua potable: No se recomienda la administración de suplementos

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  • Vitaminas del grupo B


    Las vitaminas del grupo B son nutrientes orgánicos hidrosolubles implicados en funciones fisiológicas vitales, y contribuyen enormemente a una salud, crecimiento y desarrollo óptimos. Con este fin, desempeñan papeles relacionados entre sí en el funcionamiento celular, actúan como coenzimas en las reacciones enzimáticas y están presentes en numerosos procesos como la producción de energía, la síntesis y reparación de ácidos nucleicos y la síntesis de moléculas de señalización (Kennedy, 2016).

    El complejo o grupo vitamínico suele incluir tiamina (vitamina B1), riboflavina (vitamina B2), niacina (vitamina B3), ácido pantoténico (vitamina B5), piridoxina (vitamina B6), biotina (vitamina B7), ácido fólico o folato (vitamina B9) y cobalamina (vitamina B12). Algunos autores también incluyen la colina, el inositol (vitamina B8) y el ácido paraaminobenzoico (Schellack et al., 2015). Las vitaminas de este grupo participan en diversos mecanismos fisiológicos y, por lo tanto, están asociadas a toda una serie de funciones a nivel corporal. Los efectos de las vitaminas se pueden clasificar en: i) efectos positivos sobre el sistema nervioso (B1, B3, B6 y B12); ii) efectos metabólicos (B1,B2, B3, B5, B6, B7, B8, B9 y B12); iii) efectos hematínicos o hematológicos (B6, B9, y B12); y iv) efectos sobre los niveles de homocisteína (B9 y B12) (Schellack et al., 2015; EFSA, 2017).

    Las vitaminas liposolubles (como las vitaminas A, D y E) tienen que unirse a lípidos para ser absorbidas por el cuerpo. Por otro lado, las vitaminas hidrosolubles del grupo B se pueden absorber directamente desde el tracto gastrointestinal y solo necesitan pasar por el mismo acompañadas de agua. Estas vitaminas no se almacenan en cantidades significativas en del cuerpo y, por lo tanto, el exceso de las mismas se expulsa mediante la orina (Schellack et al., 2015).

    Las fuentes alimenticias de las vitaminas del grupo B son diversas y pueden tener un origen animal o vegetal. Por ello, entre ellas se incluye una amplia variedad de alimentos como la carne, las verduras, el pescado, los huevos, las patatas e incluso los cereales integrales. No todas ellas contienen cada una de las vitaminas del grupo B, y la composición de las mismas depende también de la fuente. Por ejemplo, la vitamina B5 se puede obtener mediante la carne, los cereales integrales y el brócoli, y la B9 se encuentra en verduras de hoja, legumbres y cítricos (Kennedy, 2016). Estas vitaminas también están disponibles, como complejo parcial o total, en algunas bebidas, en leches infantiles de fórmula, en las comidas para bebés enriquecidas y como suplementos alimenticios. La hipovitaminosis o carencia vitamínica puede tener lugar en bebés, niños e incluso adultos si no ingieren las cantidades suficientes de las mismas. Existe toda una variedad de síntomas relacionados con la falta de vitaminas del grupo B, como por ejemplo: la carencia de vitamina B1 está asociada a fatiga general, debilidad gastrointestinal y, en casos extremos, beriberi. La carencia de B3, por su parte, puede provocar debilidad muscular o pelagra con diarrea y dermatitis (Kennedy, 2016; OMS/FAO, 2004). Tal y como se ha mencionado anteriormente, el cuerpo no puede almacenar grandes cantidades de este tipo de vitaminas, por lo que es muy poco frecuente que se produzca una hipervitaminosis (niveles de vitaminas excesivos).

    Es importante tener en cuenta que las vitaminas son esenciales para un crecimiento y un desarrollo óptimos. Cuando no existe la posibilidad de seguir una dieta equilibrada, se recomienda la administración de suplementos vitamínicos para evitar que se produzcan carencias que puedan afectar seriamente a un niño en fase de crecimiento. La siguiente tabla contiene la ingesta recomendada de nutrientes (IRN) y las ingestas adecuadas (AI porsus siglas en inglés) de vitaminas del grupo B para las primeras etapas de la infancia, publicadas por la OMS/FAO (2004) y la EFSA (2017). Estas dosis diarias recomendadas se pueden obtener mediante la dieta y/o suplementos.

     

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