Nutrientes durante el embarazo


Gran parte del desarrollo del bebé se produce mediante la maduración embrionaria y fetal durante el embarazo. Como consecuencia de ello, es vital para su salud que la madre gestante le aporte ciertos nutrientes. La naturaleza ofrece muchos de estos nutrientes mediante la ingesta habitual de alimentos como parte de una dieta equilibrada. Sin embargo, la ciencia nos muestra que hay circunstancias o situaciones especiales en las que se podría necesitar algún tipo de suplemento adicional.

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Iron and Vitamin B9

Hierro y vitamina B9 (folato)


El hierro y la vitamina B 9 (folato) son esenciales para la salud de la madre y del bebé. El desarrollo fisiológico del bebé y el sistema inmunitario de la madre son solo dos ejemplos de aspectos en los que repercuten. Dado que el déficit de los mismos está ligado a anemia materna, sepsis puerperal, bajo peso al nacer y riesgo de nacimiento prematuro, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda tomar suplementos adicionales a la ingesta de alimentos ricos en hierro y vitamina B 9 .
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Calcio


El calcio es indispensable para el desarrollo saludable del sistema óseo (especialmente para los huesos y los dientes), así como para el funcionamiento muscular y la coagulación sanguínea. La carencia de calcio durante el embarazo está asociada a la preeclampsia. Por tanto, las mujeres embarazadas deberían adaptar su dieta de manera correspondiente y tomar suplementos en caso de que la ingesta de calcio a través de los alimentos resulte insuficiente.
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Calcium
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Vitamin A

Vitamina A


La vitamina A se presenta en diversas formas, como el retinol o los ésteres de retinilo, y se puede absorber mediante alimentos de origen animal y vegetal. Entre otras, afecta a áreas como la vista, el sistema inmunitario o la especialización celular. El déficit de esta vitamina podría provocar anemia y ceguera nocturna. En gran medida, se puede ingerir una cantidad suficiente de vitamina A mediante el consumo de alimentos específicos, por lo que solo serían necesarios los suplementos en casos muy concretos.
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  • Hierro y vitamina B9 (folato)


    El hierro es un micronutriente esencial que desempeña un papel importante en muchos procesos celulares y fisiológicos asociados al nacimiento y al desarrollo. Además, el hierro está presente en los glóbulos rojos o hemoglobina, y es indispensable para la captación y el envío de oxígeno del torrente sanguíneo a los pulmones (Abbaspour et al., 2014). La anemia se caracteriza por una cantidad insuficiente de glóbulos rojos y/o hemoglobina en la sangre, y se trata de una afección asociada a la carencia de hierro que afecta, según las estimaciones, a un 38,2 % de las mujeres embarazadas en todo el mundo (OMS, 2016). Además de la anemia, el déficit de hierro afecta de forma negativa al uso de fuentes de energía por parte de los músculos y, además, influye en el sistema inmunitario (OMS, 2001).

    La vitamina B9, también denominada ácido fólico o folato, es una vitamina soluble esencial para diversos mecanismos corporales. Se ha comprobado que la vitamina B9 tiene efectos sobre el crecimiento del tejido materno durante el embarazo, la producción de sangre, el funcionamiento del sistema inmunitario, el cansancio y la fatiga (EFSA, 2010). La carencia de vitamina B9 también está asociada a complicaciones relacionadas con la anemia, así como a anomalías congénitas del tubo neural del feto (OMS, 2012).

    El consumo de ciertos alimentos ayuda a incrementar las cantidades de estos nutrientes en el organismo. Alimentos como la carne roja magra, verduras de hoja verde oscura, pan y cereales enriquecidos representan buenas fuentes de hierro. La vitamina B9 puede encontrarse en alimentos como cereales enriquecidos, pan de cereales, cacahuetes, frutas (como naranjas o frambuesas) o verduras (como espárragos, brócoli y col) (FSA, 2002).

    La OMS recomienda ingerir suplementos diarios de hierro elemental (30-60mg) y vitamina B9 (400 µg) durante el embarazo como parte de los cuidados prenatales. Esto ayuda a prevenir la anemia materna, la sepsis puerperal, el bajo peso al nacer y el riesgo de nacimiento prematuro (OMS, 2016). Cabe destacar que una ingesta excesiva de hierro y ácido fólico podría tener consecuencias negativas para la salud de la madre. Con un funcionamiento intestinal normal, es improbable que se produzca un exceso de hierro en el organismo. Sin embargo, si se ingiere en grandes cantidades y de una sola vez podría tener un efecto corrosivo en la mucosa intestinal, lo que provocaría sangrado, heces blandas e incluso daños multiorgánicos con resultado de gastritis, náuseas y/o dolor abdominal (EFSA, 2015b). Concretamente durante el embarazo, una ingesta oral excesiva de hierro podría acarrear un mayor estrés oxidativo en el cuerpo y en el intestino delgado, efectos indeseables a nivel gastrointestinal y una sobrecarga acelerada de hierro en el cuerpo de mujeres con hemocromatosis genética (Milman, 2012). Pese a que se ha demostrado que la vitamina B9 ofrece muchos beneficios durante el embarazo, también supone riesgos potenciales para la salud si se ingiere en exceso. Unos altos niveles de vitamina B9 podrían enmascarar el déficit de vitamina B12 (cobalamina), el cual está asociado a la anemia perniciosa. Este es un tipo de anemia que presenta síntomas como fatiga, falta de aliento e incluso efectos neurológicos (como alteraciones sensoriales, problemas de equilibrio y dolor neuropático) (Greenberg et al., 2011). Por tanto, es importante que se sigan las recomendaciones a la hora de tomar suplementos de hierro y vitamina B9 para favorecer la buena salud durante el embarazo.

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  • Calcio


    El calcio es un mineral que se puede encontrar en muchos alimentos y, además, representa un componente integral del sistema óseo (especialmente de los huesos y los dientes). Desempeña un papel estructural en el cuerpo, necesario para la rigidez, la fuerza y la elasticidad de los tejidos y, además, forma parte de otros procesos fisiológicos como el funcionamiento de los músculos, la coagulación sanguínea y el funcionamiento de las enzimas digestivas (EFSA, 2015a). Durante el embarazo, la carencia de calcio está asociada a un mayor riesgo de preeclampsia, un trastorno que provoca convulsiones durante las últimas etapas del embarazo debido al aumento de la presión sanguínea (OMS, 2013).

    La leche y los productos lácteos representan una buena fuente de calcio, ya que son ricos en este mineral y, además, tienen buena biodisponibilidad (es decir, se absorben fácilmente). Otras fuentes son las verduras de hoja verde, las habas de soja, el pan, los frutos secos y la fruta desecada (FSA, 2002). La OMS recomienda tomar suplementos en contextos específicos. En poblaciones con una dieta baja en calcio, se recomienda que las mujeres embarazadas tomen suplementos de calcio (1,5-2,0 g de calcio elemental al día) para reducir el riesgo de preeclampsia (OMS, 2016). El exceso de calcio no suele asociarse a la ingesta de alimentos, sino al consumo excesivo de suplementos de calcio, y puede provocar hipercalcemia (niveles de calcio sérico de 10,5 mg/dl o más) y/o hipercalciuria (excreción urinaria de calcio por encima de los 250 mg al día). Estas condiciones pueden provocar insuficiencia renal, calcificación vascular y de los tejidos blandos y nefrolitiasis. Además, como resultado de la hipercalciuria natural que se produce durante el embarazo, las mujeres embarazadas tienen riesgo de desarrollar piedras en el riñón. (Hacker et al., 2012).

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  • Vitamina A


    La vitamina A es una vitamina liposoluble que puede presentarse en forma de vitamina A preformada, en alimentos de origen animal, o de carotenoides de provitamina A, en alimentos de origen vegetal. El término vitamina A incluye el retinol y la familia de moléculas existentes en la naturaleza que se producen debido a la actividad biológica del mismo, como el retinal, el ácido retinoico y los ésteres de retinilo (EFSA, 2015c). La vitamina A forma parte del ciclo visual de la retina, el mantenimiento general del crecimiento y la integridad celular en el tejido corporal, y también participa en el metabolismo del hierro, en el sistema inmunitario y en la especialización celular (EFSA, 2015c). Concretamente durante el embarazo, la vitamina A reduce el riesgo y los síntomas de la anemia, las infecciones y la ceguera nocturna, y reduce la bajada de los niveles de retinol sérico durante las últimas etapas del embarazo. De manera adicional, y dada su capacidad para mantener los niveles fetales de retinol sérico y los modestos requisitos de incrementos de esta vitamina, los beneficios para el recién nacido están limitados a las madres con deficiencias graves de vitamina A (McCauley et al., 2015). Aun así, la carencia de vitamina A ha estado ligada a problemas asociados con el embarazo, como el riesgo de anemia y ceguera nocturna (OMS, 2009). En general, la carencia de vitamina A afecta a cerca de 19 millones de mujeres embarazadas en todo el mundo (OMS, 2016).

    Entre las fuentes nutricionales de vitamina A se encuentran los lácteos, los huevos, las zanahorias y las verduras de hoja (FSA, 2002). La OMS recomienda tomar suplementos como medida especial en zonas específicas donde la carencia de vitamina A suponga un problema grave de salud pública para las mujeres embarazadas. De esta forma se puede prevenir la ceguera nocturna (OMS, 2016).

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