Nutrientes a los 9-12 meses de edad


La naturaleza ofrece compuestos muy potentes para el desarrollo infantil a través de las vitaminas A, C y D. La ciencia ha demostrado que estas vitaminas favorecen diversos procesos esenciales para el cuerpo humano (como el desarrollo ocular y óseo) y que son imprescindibles para garantizar el futuro saludable de un bebé.

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Vitamin A

Vitamina A


En una concentración adecuada, la vitamina A favorece el crecimiento celular y el sistema inmunitario y, por tanto, resulta muy importante para el desarrollo saludable de los niños. Si se producen deficiencias, se podrían originar complicaciones graves como la debilitación del sistema inmunitario y la ceguera nocturna. Los niños de países en vías de desarrollo son especialmente susceptibles de sufrir estos efectos.
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Vitamina D


A pesar de que, generalmente, el cuerpo puede producir vitamina D por sí mismo con ayuda de los rayos UVB, el déficit de la misma sigue siendo un problema bastante extendido. Por tanto, es común que los bebés reciban suplementos, especialmente justo después de su nacimiento, pero también más adelante.
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Vitamin D
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Vitamin C

Vitamina C


La vitamina C participa en muchos procesos esenciales para el cuerpo humano. Entre ellos se incluyen las reacciones celulares, la absorción de hierro y el metabolismo del colesterol, así como importantes funciones antioxidantes.
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  • Vitamina A


    La vitamina A desempeña un papel esencial durante el crecimiento celular y de los tejidos, y es especialmente importante para obtener un sistema inmunitario fuerte. En forma de su metabolito activo, el ácido retinoico, regula el crecimiento y el desarrollo de la piel y la mucosa. El aldehído de la vitamina, el retinal, es importante para la vista. El alcohol de la vitamina A (retinol), por su parte, forma parte de la espermatogénesis.

    Los niveles de vitamina A en el plasma están sujetos a una regulación homeostática estricta: solo se produce un descenso en los niveles de vitamina A si se agotan por completo las reservas de vitaminas del hígado. Las consecuencias clínicas específicas de la carencia grave de vitamina A son la xeroftalmia (sequedad anormal de los ojos) y la ceguera nocturna (deterioro de la capacidad del sistema visual para adaptarse a la oscuridad). Las manchas de Bitot en el ojo aparecen como resultado de la xeroftalmia, y son un indicio claro de un déficit grave de vitamina A. A ellas le siguen la queratomalacia y, en última instancia, la ceguera. Hasta las infecciones más normales podrían ser letales debido al debilitamiento simultáneo del sistema inmunitario. Mientras que tales niveles críticamente bajos de vitamina A son casi inexistentes en los países industrializados, son generalizados en los países en vías de desarrollo. A escala global, el déficit de vitamina A es una de las deficiencias de micronutrientes más predominantes, junto con el de hierro y el de zinc. Las fuentes nutricionales con mayor contenido en vitamina A son el hígado, seguido por verduras como las espinacas, las zanahorias, la col y la col rizada.

    Los niños son especialmente sensibles a la vitamina A, e ingestas diarias de cerca de 450 µg ER/kg de peso corporal al día pueden provocar síntomas de toxicidad. Los síntomas de hipervitaminosis A crónica observados en bebés incluyen la pérdida de apetito, la sequedad dérmica, la pérdida de pelo, el agrietamiento de las comisuras de los labios, dolor de huesos, hepatomegalia, aumento de la presión intracraneal y retraso del crecimiento (Fomon, 1993). Las dosis recomendadas son las siguientes:

    • 0 < 4 meses: 0,5 mg de equivalentes de retinol al día
    •  5 < 12 meses: 0,6 mg de equivalentes de retinol al día

    Existe una interacción entre el hierro y la vitamina A. La carencia de esta última provoca deterioro en la movilización del hierro, y los suplementos de vitamina A mejoran las concentraciones de hemoglobina (Michelazzo et al., 2013). No ha sido probada de forma inequívoca la existencia de una relación similar entre la vitamina A y el zinc.

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  • Vitamina D


    La vitamina D es un nutriente importante que participa en la regulación de la homeostasis de calcio y fósforo y que, por consiguiente, favorece la salud de los huesos (SACN, 2016; EFSA, 2016). Comprende dos tipos de vitaminas: la vitamina D2 (ergocalciferol) y la vitamina D3 (colecalciferol), que el cuerpo puede obtener mediante productos como huevos, pescados grasos y alimentos enriquecidos. Sin embargo, la vitamina D está asociada con la luz del sol como su fuente principal: la exposición de la piel a la luzultravioleta B (luz UVB) desencadena la síntesis de vitamina D (EFSA, 2016).

    La tasa de absorción de vitamina D a partir de los alimentos (que se absorbe con ayuda de la grasa) es de cerca del 80 %, y el cuerpo no es capaz de almacenarla de forma eficaz. Esto genera un riesgo considerable de desarrollar déficit de vitamina D. Los factores geográficos, climáticos y culturales combinados con la exposición a la luz del sol (la latitud, la época del año y hora del día, la duración de las horas de sol, la ropa y la protección solar, la pigmentación y el grosor de la piel) incrementan el riesgo de que las reservas de vitamina D sean bajas. De este modo, la carencia de vitamina D es especialmente común en el hemisferio norte, donde la luz del sol resulta insuficiente para disponer de cantidades adecuadas durante el invierno. La carencia de vitamina D (o hipovitaminosis D) puede tener consecuencias graves para el cuerpo: la absorción de minerales como el calcio y el fósforo se ve negativamente afectada, lo cual provoca un deterioro en la mineralización de los huesos (raquitismo en niños y osteomalacia en adultos), convulsiones y falta de aliento (EFSA, 2016; Holick et al., 2012).

    Para evitar estos problemas de salud, es común la administración preventiva de suplementos de vitamina D para niños menores de un año, especialmente en algunos países del hemisferio norte, como Alemania. La dosis recomendada por la DGE (Sociedad Alemana de Nutrición) (2015), el Instituto de Medicina (EE.UU.) (2011), y Yu et al. (2017) es:

    • 0 < 12 meses: 10 μg al día

    A pesar de que la administración de suplementos de vitamina D es muy común, las dosis deben gestionarse con cuidado: Una sobredosis de vitamina D puede provocar hipercalcemia y resultar en calcificación de los tejidos blandos, así como en daños a nivel renal y cardiovascular (Vieth, 1999; Zitterman y Koerfer, 2008).

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  • Vitamina C


    La vitamina C es un antioxidante hidrosoluble esencial para los seres humanos. El término vitamina C se utiliza como sinónimo de ácido ascórbico y comprende el ácido L-semidehicroascórbico y su forma oxidada, el ácido L-dehidroascórbico, que juntos forman un sistema redox reversible. Participa en la biosíntesis de colágeno, catecolaminas, L-carnitina, aminoácidos y ciertas hormonas peptídicas, y es necesaria para un funcionamiento metabólico saludable en el cuerpo. La vitamina C es una sustancia reductora muy eficaz que forma parte de muchas reacciones intra y extracelulares. Es un cofactor de enzimas dependientes de hierro y cobre y, entre otras cosas, participa en el funcionamiento de la oxitocina y otras hormonas (EFSA, 2013).

    Además, la vitamina C es un potente antioxidante, que actúa frente a los radicales libres y otras especies reactivas de oxígeno y nitrógeno como el superóxido, los radicales hidroxilo y el ácido hipocloroso. Protege las grasas (y posiblemente también el ADN) frente a los daños producidos por la oxidación. Entre sus funciones extracelulares se encuentran la protección de las partículas LDL frente a la oxidación y la regeneración del tocoferol y el glutatión a partir de sus formas oxidadas.

    La vitamina C también es importante para la reducción del hierro alimenticio ligado a los vegetales, mejorando así la absorción intestinal del mismo. Aparte de esto, la vitamina C participa en las reacciones de hidroxilación, que provocan la inactivación de xenobióticos en el hígado, y participa en el metabolismo del colesterol y los ácidos biliares (DGE, 2015).

    Las mejores fuentes de vitamina C son las frutas y las verduras, así como los productos derivados de los mismos (zumos y batidos de frutas del bosque, cítricos, papaya, kiwi, coliflor, col o pimiento dulce). Los productos de origen animal también contienen vitamina C en menores cantidades. Un buen suministro de vitamina C es importante para evitar el debilitamiento de las estructuras de colágeno, defectos en los tejidos conectivos e incluso algunas enfermedades (como el escorbuto en adultos). En niños, la carencia de vitamina C puede provocar defectos en el tejido óseo, deterioro en el crecimiento de los huesos u osificación (Shenkin, 2008). Si no es posible alcanzar los requisitos diarios sugeridos mediante una dieta equilibrada, es recomendable utilizar suplementos. A pesar de que las dosis propuestas varían en función de la fuente, en circunstancias normales no puede producirse una sobredosis de vitamina C. Así lo ha confirmado la EFSA (2013), que afirma que no existen niveles máximos de ingesta admisible. Generalmente, se recomiendan las siguientes dosis:

    Instituto Estadounidense de Medicina (2000):

    • 1-3 años: 15 mg al día ·
    • 4-8 años: 25 mg al día

    OMS/FAO (2004):

    • 0-6 meses: 25 mg al día, incrementando las dosis de forma gradual para niños más mayores
    • 6-59 meses: 30 mg al día

    EFSA (2013):

    • 1-3 años: 15 mg al día
    • 4-6 años: 25 mg al día

    DGE (2015):

    • 0 < 4 meses: 50 mg al día
    • 5 < 12 meses: 55 mg al día
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