Nutrientes a los 0-3 meses de edad


Hay dos nutrientes que resultan especialmente importantes para un desarrollo sano justo después del nacimiento: los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPICL) y la vitamina D. Aunque ninguno de ellos es indispensable para la supe rvivencia , dad o que solo desempeñan funciones de apoyo y generalmente puede sintetizarlas el cuerpo, la ciencia indica que son altamente beneficiosos para un desarrollo sano y natural del bebé.

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Ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga – DHA y AA


A pesar de que los ácidos grasos poinsaturados de cadena larga (AGPICL) no son nutrientes esenciales a la edad de 0-3 meses, pueden ayudar al desarrollo sensorial del bebé. En concreto, el ácido omega-3 docosahexaenoico (DHA) y el ácido omega-6 araquidónico (ARA) desempeñan un papel importante en la nutrición humana en etapas tempranas.
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Vitamina D


La vitamina D favorece un desarrollo sano de los huesos. En general, el cuerpo puede sintetizar vitamina D con ayuda de la luz del sol, pero la cantidad suele resultar insuficiente para cubrir las necesidades del bebé durante el primer año de vida. Por lo tanto, en el hemisferio norte suele recomendarse la ingesta de suplementos durante esta etapa.
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  • Ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga – DHA y AA


    Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPICL) son nutrientes no esenciales que favorecen el desarrollo sensorial del bebé y que presentan otras ventajas, como los efectos antiinflamatorios. Hay dos grandes familias de ácidos grasos que desempeñan un papel en la nutrición humana: Omega-3 y Omega-6, que se diferencian en la posición del doble enlace terminal. Los ácidos grasos omega-3 y omega-6 principales son los ácidos linoleico y alfa-linoleico esenciales. Dentro de la categoría de los AGPICL, el ácido docosahexaenoico (DHA) representa la familia de ácidos grasos Omega-3 y el ácido araquidónico (AA) representa su homólogo de Omega-6.

    Generalmente, el cuerpo humano puede sintetizar los AGPICL, aunque no en cantidades suficientes, especialmente en el caso de ciertas disposiciones genéticas. Dado que ni la leche de vaca ni los aceites vegetales contienen AGPICL, se necesitan fuentes de aceite alternativas para garantizar un suministro suficiente de los mismos. El aceite de atún es un ejemplo de fuente de DHA, y los aceites unicelulares (como la Mortierella alpina) son una fuente de AA. A modo orientativo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (2014a) recomienda las siguientes dosis:

    • 0 < 12 meses: 100 mg al día
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  • Vitamina D


    La vitamina D es un elemento semiesencial en la nutrición humana, dado que los seres humanos pueden sintetizarla en la piel con ayuda de la radiación ultravioleta-B (UVB). Debido a su participación en el metabolismo del calcio y del fosfato, desempeña un papel importante en la salud ósea (SACN, 2016; EFSA, 2016). La vitamina D liposoluble pertenece al grupo de los calciferoles, que se puede dividir en dos tipos: vitamina D2 de origen vegetal (ergocalciferol) y vitamina D3 (colecalciferol), de origen animal.

    La vitamina D que se consume en su forma natural a través de los alimentos se absorbe con la grasa y se transporta fuera del intestino como parte de los quilomicrones (partículas de lipoproteínas). Su tasa de absorción ronda el 80 %. Esta vitamina se sintetiza en la piel humana a partir del 7-dehidrocolesterol que se genera por influencia de la luz solar (radiación UVB, que presenta longitudes de onda de 280-320 nm). Los recién nacidos obtienen vitamina D de manera natural a partir de la luz del sol y de la leche materna, pero sus concentraciones suelen ser bajas (en función de las condiciones geográficas y climáticas y de la nutrición de la madre). Las condiciones geográficas y climáticas comprenden la latitud, la época del año, la hora del día, la duración de las horas de luz solar y el tiempo de exposición a la misma. Existen más factores a tener en cuenta, como el uso de ropa y protectores solares, o el grado de pigmentación y el grosor de la piel. Durante los meses de verano, es posible lograr la síntesis endógena necesaria mediante los rayos de sol únicamente, incluso en el hemisferio norte. La vitamina D3 sintetizada a partir de la luz solar se puede almacenar para utilizarla durante el invierno. Sin embargo, sigue existiendo el riesgo de desarrollar hipovitaminosis D (déficit de vitamina D), dado que las reservas suelen resultar insuficientes. La hipovitaminosis D está asociada a un deterioro en la mineralización de los huesos (que provoca raquitismo en niños y osteomalacia en adultos), convulsiones y falta de aliento (EFSA, 2016).

    Por lo tanto, especialmente en el hemisferio norte, se utilizan suplementos preventivos para garantizar unas concentraciones de vitamina D apropiadas. En Alemania, por ejemplo, los bebés reciben suplementos de vitamina D desde la primera semana de vida hasta el final de su primer año, independientemente de si se alimentan a base de leche materna o de biberón. Normalmente, esta acción preventiva se realiza independientemente de la síntesis endógena de vitamina D y de la ingesta de vitamina D mediante la leche materna o de fórmula. Los suplementos de vitamina D pueden continuar administrándose incluso en el segundo año de vida, pero solo durante los meses de invierno. Se debe prestar especial atención para evitar la ingesta excesiva de vitamina D, que podría provocar hipercalciemia y dar como resultado calcificación renal y en los tejidos blandos, así como daños a nivel cardiovascular (Vieth, 1999; Zitterman y Koerfer, 2008). No existen pruebas que apoyen el suministro de suplementos de vitamina D para obtener beneficios más allá del metabolismo de calcio y fosfato y la salud ósea (Braegger et al., 2013).

    Dosis de ingesta de vitamina D recomendadas (excluyendo la síntesis endógena): DGE (Sociedad Alemana de Nutrición) (2015), Instituto de Medicina (EE.UU.) (2011), Yu et al., (2017): 

    • 0 < 12 meses: 10 μg al día

    OMS/FAO (2004): 0-6 meses: 5 μg al día

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