Contribuciones de la naturaleza y la ciencia al tratamiento de las molestias digestivas


Independientemente de las causas de las complicaciones en la digestión del bebé, la naturaleza ofrece varios compuestos que brindan ayuda de forma suave. Incorporarlos al plan nutricional del bebé siguiendo métodos científicamente probados contribuye en gran medida al bienestar digestivo infantil.

Bottle with peppermint oil and peppermint leaves

Extractos herbales


Hay muchas opciones de tratamiento para los trastornos gastrointestinales pero, o bien son efectivos y presentan posibles efectos indeseables, o son seguros pero ofrecen una eficacia más reducida. Los padres recurren a la medicina complementaria y alternativa (MCA), como los extractos herbales, al considerar que al proceder de fuentes naturales suponen una opción de tratamiento más segura (Pike et al., 2013).
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Probióticos


Los probióticos son microorganismos naturales vivos beneficiosos para la salud de su portador. Se suelen utilizar en el tratamiento de trastornos gastrointestinales, y pueden resultar beneficiosos para el desarrollo del aparato digestivo de los bebés y niños pequeños. Los hallazgos científicos demuestran que los probióticos pueden aliviar síntomas de gastroenteritis aguda, enfermedad intestinal inflamatoria, diarrea, cólicos del lactante, estreñimiento y regurgitación.
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Probiotic bacteria
Protection shield

Prebióticos


Para que un sustrato sea reconocido como prebiótico deben cumplirse tres criterios. El más complejo de estos es demostrar un beneficio para la salud (o una reducción de la enfermedad) en el organismo hospedador, con la mediación de algunos pero no todos los microorganismos que fermentan el sustrato. Los beneficios para la salud de los potenciales prebióticos son directos mediante la unión de los patógenos (efecto señuelo) o indirectos y asociados con ácidos grasos de cadena corta como producto de la fermentación selectiva. Las isoformas de los oligosacáridos de la leche humana, los galacto- y fructooligosacáridos, y las sustancias lipofílicas están siendo objeto de investigación en vistas a su clasificación como prebióticos.

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Complementos relacionados con los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas


La ciencia demuestra que los tres grupos naturales principales de nutrientes que ofrecen energía (hidratos de carbono, grasas y proteínas) se digieren de formas muy diferentes. Por lo tanto, modificar la nutrición del bebé es una forma efect iva de favorecer una digestión sana de forma natural. Hoy en día existen muchas soluciones relacionadas con los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas que han sido científicamente probadas.
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Lettering "Carbohydrate, protein, fat"

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Es obvio que existen muchos ayudantes naturales relacionados con la digestión infantil. Con el fin de obtener una mejor visión general de los ayudantes, sus efectos respectivos y su uso (combinado), hemos preparado una tabla útil basada en los resultados de nuestra investigación

Resumen de ayudas naturales para la digestión

  • Extractos herbales


    Cerca del 52 % de los niños de Europa emplean medicina complementaria y alternativa (MCA) y su popularidad sigue en aumento, lo cual ha llevado a la introducción de toda una serie de nuevos extractos herbales en el mercado (Anheyer et al., 2017). Tanto es así que ya se han utilizado y evaluado multitud de preparados herbales para el tratamiento de trastornos gastrointestinales funcionales (TGIF) en bebés y niños.

    Se han evaluado los extractos herbales de forma individual y combinada para diferentes trastornos como la diarrea, la deshidratación ocasionada por gastroenteritis, los cólicos del lactante, el síndrome del intestino irritable, el dolor abdominal funcional y el estreñimiento (Anheyer et al., 2017). Se ha demostrado que la combinación de pectina de manzana y manzanilla (Matricaria chamomilla) da como resultado una reducción en la duración de la diarrea y en la frecuencia de las deposiciones (Becker et al., 2006; De la Motte et al., 1997). También se ha estudiado el extracto de raíz de tormentila (Potentilla tormentilla) para tratar a los niños con diarrea ocasionada por una infección de rotavirus, que ha mostrado una reducción significativa de la duración de la diarrea, las anomalías en las deposiciones, la producción de las mismas y la tasa de hospitalización (Subbotina et al., 2003).

    Para el tratamiento de los cólicos del lactante se han evaluado, principalmente, el hinojo (Foeniculum vulgare) y la manzanilla (Matricaria chamomilla). Se ha demostrado que la preparación de una infusión a partir de extracto de hinojo reduce considerablemente la duración del llanto en comparación con los cuidados habituales (Arikan et al, 2008). Un preparado herbal a partir de varios extractos vegetales (Matricaria chamomilla, Verbena officinalis, Glycyrrhiza glabra, Foeniculum, y Melissa officinalis) puede reducir los síntomas de los cólicos o derivados de los mismos, en comparación con los placebos de infusión herbal (Weizman et al., 1993). Un estudio clínico reciente evalúa y compara un preparado de Matricariae chamomilla L., Melissa officinalis L. y Lactobacillus acidophilus tindalizado respecto a otros tratamientos convencionales, como la administración de Lactobacillus reuteri y simeticona. Esta preparación herbal ha mostrado resultados positivos, reduciendo la duración diaria del llanto de los bebés (un indicador clínico importante para evaluar los cólicos del lactante), y demuestra ser significativamente más eficaz que la simeticona (Martinelli et al., 2016).

    Otro estudio investiga el uso del aceite de menta piperita (mentha piperita) para tratar el dolor abdominal funcional. Se está evaluando la efectividad de las cápsulas de aceite de menta piperita frente a la de los comprimidos de probióticos y ácido fólico. El estudio muestra que el aceite de menta piperita reduce de forma importante la duración, la frecuencia y la gravedad del dolor sin efectos indeseables destacables (Asgarshirazi et al., 2015).

    El extracto de jengibre (Zingiber officinale) es otro tipo de extracto herbal que debería evaluarse en niños. Tradicionalmente, la raíz de jengibre se ha utilizado para tratar los síntomas de reflujo y la dispepsia. Diversos estudios con participantes adultos muestran los posibles beneficios que presenta este extracto, incluyendo la mejora del vaciado gástrico y la movilidad gastroduodenal, tanto en ayuno como tras haber ingerido alimentos. También se han atribuido otras propiedades a este extracto, como las propiedades espasmogénicas y de inhibición plaquetaria (Yeh et al., 2014). A pesar de que no se han realizado pruebas en cuanto a su seguridad en el campo pediátrico, el extracto de jengibre se ha evaluado en mujeres embarazadas sin que haya supuesto ningún tipo de riesgo para el desarrollo del feto, por lo que es probable que resulte seguro (Yeh y Golianu, 2014). Así, si se formulase de manera adaptada a los niños y se hiciese tolerable su sabor, el extracto de jengibre podría suponer otra solución de origen herbal para tratar los trastornos gastrointestinales en un futuro cercano.

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  • Probióticos


    Definición

    El cuerpo humano y la microbiota intestinal interactúan de una forma íntima y bidireccional que puede tener efectos tanto positivos como negativos para la salud humana. Se ha demostrado que estas interacciones entre la microbiota y el portador influyen sobre la inmunidad sistémica, las defensas frente a elementos patógenos, la movilidad intestinal, las funciones de barrera e incluso el crecimiento y el desarrollo (Ringel et al., 2012).

    Los probióticos son organismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, ofrecen beneficios para la salud del portador (Guarner et al, 2017). La gestión y el tratamiento de los trastornos gastrointestinales son alguna de las razones principales para utilizar fórmulas y productos basados en probióticos. Esto es debido a la relación existente entre los probióticos y diversas funciones gastrointestinales, como la protección de la barrera intestinal, funciones inmunitarias y antibacterianas, la movilidad intestinal y los efectos a nivel de sensación (McFarland, 2010; Ohland y Macnaughton, 2010).

    Investigación científica

    Debido a la interacción dinámica y a la variedad de sus efectos positivos, los probióticos han sido ampliamente evaluados a la hora de tratar diversos trastornos gastrointestinales funcionales (TGIF), incluyendo la diarrea (aguda, infecciosa o derivada del uso de antibióticos), el síndrome del intestino irritable (SII), el estreñimiento funcional e incluso los cólicos del lactante y los síntomas asociados a los mismos (Ringel et al., 2012; Corpino, 2017). Al mismo tiempo, hay diversas soluciones disponibles en el mercado basadas en cepas de probióticos entre las que se incluyen las especies Lactobacillus (acidophilus, rhamnosus, casei, o reuteri), Bifidobacterium (lactis, infantis, breve o longum) y Bacillus (coagulans) (Ringel et al., 2012). Las especies de Lactobacillus y Bifidobacterium son dos de los probióticos más utilizados.

    Se han llevado a cabo diversos estudios clínicos y científicos para probar la eficacia de las cepas de probióticos en la prevención y/o tratamiento de los TGIF. En 2014, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) creó un grupo de trabajo para investigar los probióticos. Se recomienda utilizar Lactobacillus rhamnosus y Saccharomyces boulardii para tratar las gastroenteritis agudas, dado que reducen la duración y la gravedad de los síntomas en los niños (Szajewska et al., 2014). También se han utilizado enfoques probióticos para el estreñimiento. Wojtyniak y Szajewska publicaron un análisis sistemático en 2017, en el que se resume la efectividad de las cepas de probióticos a la hora de tratar el estreñimiento funcional. En él se incluye la tasa de éxito terapéutico, la frecuencia de las deposiciones, la incontinencia fecal y el dolor abdominal (Wojtyniak y Szajewska, 2017). Este análisis identifica las siguientes especies como útiles a la hora de tratar el constipado funcional: Lactobacillus (casei, rhamnosus, reuteri) y Bifidobacterium (lactis, longum). También se ha investigado el SII utilizando Lactobacillus rhamnosus, y los resultados indican un incremento moderado del éxito en el tratamiento, así como una reducción de la frecuencia y la gravedad del dolor abdominal (Horvath et al., 2011; Corpino, 2017).

    A pesar de que no presentan una patogénesis clara y las causas que los originan pueden incluir múltiples factores, también se han aplicado enfoques probióticos al tratamiento de los cólicos del lactante. Las revisiones sistemáticas y el meta-análisis han concluido que las cepas de Lactobacillus reuteri desempeñan un papel importante a la hora de tratar, aunque no de prevenir, el cólico del lactante. Además, puesto que reducen la duración del llanto del bebé, suponen una solución alternativa a las opciones farmacológicas tradicionales (Benninga et al., 2016; Corpino, 2017). Además, Lactobacillus reuteri también se ha utilizado para gestionar y tratar el dolor abdominal funcional, la regurgitación en bebés y el estreñimiento (Orel, 2013).

    Algunas estrategias recientes también incluyen el uso de probióticos inactivos debido a la conveniencia de su estabilidad y viabilidad inherentes. Se evaluó Lactobacillus acidophilus tindalizado combinado con extractos herbales (Matricariae chamomilla L., Melissa officinalis L.) para tratar los cólicos del lactante. La combinación reduce el tiempo diario de llanto de los bebés y resulta más efectiva en comparación con el Lactobacillus reuteri y la simeticona (Martinelli et al., 2016).

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  • Prebióticos


    La Asociación Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP) define un probiótico como “un sustrato selectivamente utilizado mediante microorganismos del hospedador que aporta un beneficio para la salud” (Gibson et al. 2017). En consecuencia, los prebióticos no se limitan a los carbohidratos, como tampoco su efecto está limitado al tracto gastrointestinal. Las fosas nasales o bucales, la vagina, la piel, la salud ósea, el funcionamiento cerebral y cardiovascular son sistemas del cuerpo en los que los prebióticos influyen positivamente (Gibson et al. 2017).

    Un sustrato prebiótico debe alcanzar intacto la microbiota localizada, se selecciona específicamente como fuente de alimentación por las especies de microbiota, y el beneficio para la salud (mejora de la salud o reducción de los síntomas de enfermedad) está mediado por especies de microbiota residentes específicas (no todas ellas) (Gibson et al. 2017; Krumbeck et al. 2016). Un prebiótico que estimule el crecimiento de la subespecie Bifidobacterium se denomina “bifidógeno”, es decir, ejerce “##efectos bifidógenos##” o respalda la “##bifidogénesis##”, lo que es positivo puesto que el aumento de la población de bifidobacterias se considera un signo de salud intestinal (Ríos-Covián et al. 2016; Roberfroid et al. 2010). Junto con las subespecies de Lactobacillus, éstas fueron las primeras especies de microbiota intestinal asociadas con beneficios para la salud. Con los avances en los métodos analíticos, se están identificando otras especies de microbiota posiblemente beneficiosas (Hutkins et al. 2016).

    Los potenciales beneficios para la salud asociados con los prebióticos incluyen, sin limitación, la reducción de los cólicos del lactante, del riesgo de enfermedad atópica, infección, inflamación de las mucosas o producción de gas y la estimulación del peristaltismo y una consistencia más blanda de las heces que conducen a una defecación más frecuente (Krumbeck et al. 2016). Estos beneficios para la salud están probablemente mediados por modos de actuación prebióticos que incluyen

    • el mayor crecimiento o actividad de especies beneficiosas de microbiota,
    • la reducción o inhibición de patógenos,
    • la menor translocación bacteriana de la barrera intestinal mediante la estimulación de la producción de mucina del colon
    • la estimulación del sistema inmunitario y la regulación de las vías de transmisión de señales,
    • la regulación de la concentración de lípidos en plasma,
    • una mayor sensibilidad a la insulina y otras hormonas, y
    • cambios en la biodisponibilidad de las sustancias que afectan a otros órganos de manera positiva, tales como el funcionamiento cerebral y cognitivo y la mineralización de los huesos (Gibson et al. 2017; Krumbeck et al. 2016).

    Los prebióticos estimulan el crecimiento o la actividad de bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC): acetato, butirato, propionato y otras variantes volátiles, con la consiguiente reducción del pH intestinal. Un menor pH crea un entorno de crecimiento hostil para numerosos patógenos. Por tanto, el menor pH provocado por los productos de fermentación AGCC procedentes de ciertas especies de bacteria que utilizan el sustrato prebiótico protege frente a las infecciones (Gibson et al. 2017; Ríos-Covián et al. 2016). Además, el butirato sirve como fuente energética de preferencia para numerosas células intestinales, promueve el funcionamiento de la barrera y, junto con el acetato, reduce la inflamación (Krumbeck et al., 2016).

    La inhibición de los patógenos puede darse también mediante la unión del sustrato prebiótico al patógeno o a los sitios receptores, con lo que se previene el “acoplamiento” a las superficies celulares. Esto se denomina “efecto señuelo”, mediante el cual, por ejemplo, ciertas isoformas de oligosacárido de la leche humana (HMO, por sus siglas en inglés) se unen a potenciales patógenos (Gibson et al. 2017).

    Algunos géneros de bacteria inducidos por los sustratos de prebiótico modulan la expresión de citocinas pro- y antiinflamatorias, regulando así la inflamación del intestino. Las subespecies de Bifidobacterium aumentan la expresión de inmunoglobulina A secretora, un actor clave en el sistema del complemento inmunitario (Krumbeck et al. 2016).

    El establecimiento de tal beneficio para la salud es complicado, pero la ISAPP sugiere que un estudio en la población objetivo debería demostrar un cambio en los marcadores de salud o síntomas con la mediación de poblaciones de microbiota específicas afectadas por el sustrato prebiótico. (Gibson et al. 2017). El conjunto de datos más amplio se ha acumulado en relación con los oligosacáridos (OS), tales como la inulina y la oligofructosa (procedente de la inulina), los fructooligosacáridos (FOS) y los galactooligosacáridos (GOS). Estos carbohidratos no digeribles son bifidógenos (Hutkins et al. 2016). La investigación respecto de sus beneficios para la salud está aún en desarrollo. Otros posibles prebióticos son isoformas de oligosacárido de la leche humana naturales y sintéticos, oligosacáridos de la leche bovina, algunos ácidos grasos poliinsaturados (PUFA), el ácido linoleico conjugado (CLA), la lactulosa, el almidón resistente, la pectina, los ácidos de la bilis y polifenoles vegetales (Gibson et al. 2017; Hutkins et al. 2016).

    Prebióticos y posibles prebióticos.

    Gibson et al. 2017. Nat Rev Gastroenterol Hepatol 14(8), 491–502

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  • Complementos relacionados con los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas


    Complementos relacionados con los hidratos de carbono

    La lactosa (el azúcar de la leche), representa el hidrato de carbono principal en la leche infantil habitual, está hidrolizada, es decir, descompuesta mediante enzimas, por la lactasa. A pesar de que el azúcar de la leche se encuentra presente en la leche materna de forma natural, es frecuente que se produzca un déficit de lactasa en los niños, aunque sea de forma transitoria (Vandenplas et al., 2013b). Por lo tanto, las fórmulas bajas en lactosa se asocian a un menor número de episodios de llanto por semana y al tiempo total de llanto (siendo ambos valores indicadores de cólico) (Vandenplas et al., 2013b). Además, los estudios realizados con niños hospitalizados muestran que los alimentos sin lactosa reducen la duración de la diarrea (Guarino et al., 2014).

    La fibra es un subgrupo especial de los hidratos de carbono. Debido a que no es digerible, reacciona principalmente en el propio tracto gastrointestinal, lo cual es una característica útil con la que las soluciones de origen vegetal normalizan la digestión del bebé. Por ejemplo, una realimentación temprana con leche infantil rica en fibra de plátano acorta la duración de la diarrea, la deshidratación, la fiebre, los dolores abdominales y los vómitos, previene la incidencia de elementos patológicos en las heces y contrarresta la insuficiencia de masa corporal (Czerwionka- Szaflarska et al., 2011).
    En relación al reflujo y la regurgitación, otra solución natural sería la goma garrofín, también conocida como goma de algarrobo. Contiene harina de garrofín, un hidrato de carbono funcional. Con niveles de pH gástrico bajos, espesa y aumenta la viscosidad de la leche infantil y, de esta forma, representa una solución segura, bien tolerada y clínicamente probada de reducir el reflujo y la regurgitación (Meunier et al., 2014, Wenzl et al., 2003).

     

    Complementos relacionados con las grasas

    Las grasas presentes en los alimentos están principalmente formadas por triglicéridos, una molécula consistente en una cadena principal de glicerol y tres ácidos grasos. Durante la digestión, la enzima lipasa descompone esta molécula en un monoglicérido (glicerol + 1 ácido graso) y dos ácidos grasos libres. Estas moléculas «liberadas» se combinan con los ácidos biliares, formando micelas, para establecer el prerrequisito para la absorción.

    La grasa de la leche natural contiene beta-palmitato con una estructura especial. Mientras que los triglicéridos de los aceites vegetales tienen la denominada estructura POP (ácido palmítico principalmente en las posiciones externas o alfa), el ácido palmítico de los triglicéridos de la leche se encuentra sobre todo en el centro o en posición beta. Los ácidos palmíticos liberados de la estructura POP, junto con el calcio, reaccionan para formar jabones de grasas no absorbibles. Los ensayos clínicos muestran que el beta-palmitato, por su parte, se puede absorber de forma eficaz, con lo que se evita así la formación de jabón de ácido graso. Así, entre sus beneficios se incluye la absorción de calcio, el ablandamiento de las heces (Havlicekova et al., 2016), así como la reducción de la duración del llanto (Litmanovitz et al., 2014) y de los cólicos (Nocerino et al., 2015).

    Además, los triglicéridos de cadena media (TCM), tal como están presentes de forma natural en algunos aceites vegetales como el aceite de coco, se digieren más fácilmente dado que estos omiten los pasos necesarios para la absorción de las grasas de cadena larga. De esta forma, ofrecen una fuente de calorías a la vez que reducen la cantidad de grasas mal absorbidas presente en las heces (Gracey et al., 1970). Ayudan a mantener unos niveles de nutrición adecuados, lo cual resulta especialmente importante en el caso de la diarrea (Tanchoco et al., 2007).

     

    Complementos relacionados con las proteínas 

    Las proteínas están compuestas por una o más cadenas de sus unidades básicas (denominadas aminoácidos). Durante la digestión, las proteínas se degradan por acción de las enzimas (se hidrolizan) para formar péptidos (cadenas de aminoácidos más cortas) y, finalmente, aminoácidos libres absorbibles. Como una solución natural relacionada con las proteínas para tratar problemas digestivos o (riesgo de) alergias, la proteína (de leche de vaca) «predigerida» se puede utilizar en tres grados diferentes:

    Proteína ligeramente hidrolizada
    Varios ensayos controlados aleatorizados han demostrado la utilidad de las fórmulas hidrolizadas para tratar cólicos del lactante (Vandenplas et al.; 2013b, Iacovou et al., 2012).

    Proteína parcialmente hidrolizada
    La Sociedad Alemana de Alergología e Inmunología Clínica (DGAKI) y la Sociedad Alemana de Medicina Pediátrica y para la Adolescencia (DGKJ) afirma lo siguiente en sus pautas para la prevención de alergias: Los niños que no se alimenten a base de leche materna, o que lo hagan solo de forma parcial debido al riesgo de sufrir alergias, deberían consumir leches infantiles de fórmula hidrolizada (Koletzko et al., 2013). Un estudio controlado aleatorizado realizado a 103 bebés nacidos a término con edades de entre 6 y 8 semanas y con riesgo de alergia muestra que las fórmulas hidrolizadas reducen los síntomas de la dermatitis atópica a medio plazo (al menos hasta el sexto mes de vida, momento en el que finalizó el periodo de observación del estudio) (Boženský et al., 2015).

    Proteína extensamente hidrolizada
    Las fórmulas basadas en proteínas extensamente hidrolizadas (FEH, por sus siglas en inglés) se consideran la primera línea de tratamiento en casos de alergia a las proteínas de la leche de vaca (APLV) (Vandenplas et al., 2014).

    Aminoácidos libres
    Los bebés extremadamente sensibles con múltiples alergias graves podrían sufrir una reacción a los alérgenos residuales de las FEH y, por tanto, necesitar cuidados especiales. Para evitar por completo las reacciones alérgicas es necesario alimentar al bebé con fórmulas basadas en aminoácidos libres (FAA, por sus siglas en inglés) (Vandenplas et al., 2007).
    En conclusión, cuanto mayor sea el grado de degradación (hidrólisis), más fácil de digerir será la fórmula y, por lo tanto, menor será su capacidad alergénica.
    Una reacción alérgica está producida por una secuencia concreta de aminoácidos (antígeno/epítopo) que corresponde específicamente a la fuente de proteínas (por ejemplo, la leche de vaca). Por consiguiente, el uso de fórmulas basadas en proteínas vegetales, como la proteína de soja o arroz, supone un enfoque alternativo para la gestión de la APLV (Katz et al., 2014).

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