Leches infantiles: la alternativa más natural a la leche materna


A pesar de que la lactancia representa el mejor tipo de nutrición para el desarrollo sano del bebé, no todas las madres pueden llevarla a cabo durante seis meses, tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2009). Sin embargo, gracias a conocimientos científicos avanzados y un procesamiento suave puede proporcionarse una alternativa cercana a la leche materna: las leches infantiles, adaptadas a las necesidades especiales de esta etapa.

Características de las leches infantiles


La lactancia es la mejor forma de aportar nutrición al bebé. Sin embargo, si la madre no tiene posibilidad de dar el pecho, la mejor alternativa son las leches infantiles. Éstas se diferencian de otro tipo de leches porque aportan todos los nutrientes imprescindibles en una proporción adecuada a los requisitos especiales de los bebés en cada etapa.
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Baby milk bottle in baby's hand

Leche de procesamiento suave


Debido a las necesidades nutricionales especiales de los bebés, la leche infantil debe procesarse con sumo cuidado. La ciencia explica cuál es la mejor forma de conservar la leche en su forma más natural. En concreto, un procesamiento sin demora y mediante suaves procedimientos de calentamiento es fundamental para obtener una leche fresca, de gran calidad y tratada con suavidad.
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  • Características de las leches infantiles


    Las leches infantiles son, sin duda alguna, la mejor alternativa cuando no es posible dar el pecho, dado que cubren las necesidades nutricionales especiales del bebé. Esto implica también que la leche de vaca no adaptada o sin tratar, cualquier otro tipo de leche animal (como la leche de cabra), “leche” de origen vegetal como la de soja o la de almendra o mezclas caseras no pueden utilizarse como única fuente de alimentación para un bebé (Koletzko et al, 2013). Por el contrario, la leche infantil tiene una composición específica que ofrece una nutrición adaptada a la edad para conseguir un cuerpo y una mente saludables.

    En general, hay dos tipos de leche infantil adaptada a las distintas edades: la leche de iniciación, recomendada desde el momento del nacimiento, y la leche de continuación, diseñada para bebés de 6 meses o más. En ambos casos, el producto se realiza a partir de leche de vaca.

    También se utilizan los términos fórmula de iniciación y fórmula de continuación. La diferencia entre fórmula y leche es que las recetas de las fórmulas no parten de la leche de vaca, sino de proteínas hidrolizadas que garantizan la cobertura de necesidades nutricionales especiales, como pueden ser los casos de riesgo de alergia.

    La leche de vaca como ingrediente base de la leche de iniciación y continuación contiene dos tipos de proteína: proteína de suero lácteo y, de forma predominante, caseína. Sin embargo, en las leches infantiles en sí se equilibran las proteínas de suero lácteo y la caseína de tal forma que, en proporción, las proteínas de suero lácteo sean más abundantes para asemejarse más a la composición de la leche materna. Con este mismo fin, se añaden y se integran todos los nutrientes esenciales como la lactosa, ciertos aceites vegetales y una mezcla de vitaminas y minerales (EFSA, 2014).

    Hay más nutrientes específicos que completan el perfil nutricional de la leche infantil. En concreto, aquellos que son aptos desde el momento del nacimiento y que, por tanto, suponen la única fuente de nutrición para el bebé durante los primeros meses de vida. La fibra prebiótica a base de lactosa o azúcar natural de la leche (los galactooligosacáridos (GOS) o los oligosacáridos de la leche humana (HMO por sus siglas en inglés) favorece el desarrollo de una flora intestinal saludable. Los nucleótidos refuerzan el sistema inmunitario y la maduración del intestino, y los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPICL) omega-3 y omega-6 son importantes para el desarrollo cognitivo y de la vista (Koletzko et al., 2008; Ben et al., 2008; Brunser et al., 1994).

    Dado que la leche infantil está compuesta por ingredientes especialmente valiosos, debe someterse a un procesamiento lo más suave y cuidadoso posible. Para más información, consulte la sección «Leche de procesamiento suave».

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  • Leche de procesamiento suave


    Dado que la leche materna está compuesta por ingredientes especialmente valiosos, debe someterse a un procesamiento lo más suave y cuidadoso posible desde el principio. El calentamiento suave es especialmente importante, dado que minimiza la desnaturalización adversa de las proteínas, así como la presencia de productos antinutricionales y potencialmente tóxicos. De esta forma, puede conservarse la buena biodisponibilidad y la forma natural de las proteínas esenciales (Birlouez- Aragon et al., 2002).

    El calentamiento de la leche tiene dos objetivos principales: asegurar una buena calidad a nivel microbiológico y una larga conservación. El tratamiento de ultrapasteurización (UHT) permite que la leche se conserve durante más tiempo que si se somete a una pausterización más suave. Sin embargo, los diferentes sistemas y tecnologías asociados a distintos perfiles de tiempo y temperatura cambian notablemente según el proceso, lo cual supone variaciones dentro de los tratamientos UHT y de pasteurización. Las versiones más suaves del tratamiento UHT garantizan que los productos sean seguros y, al mismo tiempo, conserven sus estructuras naturales.

    Con un número de microorganismos iniciales cada vez menor, el calentamiento suave a temperaturas más favorables cobra cada vez mayor importancia. Esto puede lograrse mediante un procesamiento sin demora de la materia prima fundamental (la leche de vaca) para mantener la frescura y minimizar el crecimiento de microorganismos perjudiciales. Esto mejora claramente la calidad del producto, dando como resultado una leche de procesamiento suave.

    Una de las formas de medir la calidad de la leche es utilizar el índice FAST (Fluorescencia de productos de Maillard avanzados y triptófano soluble) como indicador de las reacciones de Maillard y de la desnaturalización de las proteínas. El índice FAST es un indicador, innovador y de alta sensibilidad, del impacto del calor que se basa en las medidas de fluorescencia de: i) el triptófano (un aminoácido que representa la proteína nativa); y ii) la acumulación de productos de Maillard con fluorescencia (las etapas avanzadas más significativas) (Desic y Birlouez- Aragon, 2011). Por lo tanto, el método FAST evalúa de forma global el efecto del calor y ofrece una estimación de la calidad nutricional de la leche, incluida su digestibilidad (Lindberg et al., 1998). Esto supone que se puede evitar la posible incomodidad producida por proteínas no digeridas. En lugar de ello, las proteínas (los componentes básicos de vital importancia para un crecimiento sano) están disponibles en su mejor forma posible.

    Cuanto menor sea el índice FAST, mejor será la calidad de la leche y la digestibilidad de las proteínas, dado que se conserva la estructura natural de las mismas.

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