El aparato digestivo de los bebés: una prueba de la complejidad de la naturaleza


Para desarrollar una digestión sana y asegurar la protección del sistema inmunitario del bebé, la inmadurez natural de sus sistemas gastrointestinales precisa una atención especial. En concreto, el volumen y la motilidad, la microbiota intestinal y las enzimas son elementos fundamentales a tener en cuenta. En muchos casos, los descubrimientos científicos demuestran que la leche materna fomenta el desarrollo de estos componentes esenciales, lo que contribuye a crear un aparato digestivo de correcto funcionamiento.

Anatomía y desarrollo del sistema gastrointestinal


Debido a su complejidad, el aparato digestivo de un bebé no está completamente desarrollado en el momento del nacimiento y está caracterizado por limitaciones en cuanto a volumen y movilidad. Para llegar a ser totalmente funcional, es necesaria la adaptación desde las condiciones intrauterinas a las del nuevo entorno. Los nutrientes que aporta la leche materna favorecen este proceso.
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El papel fundamental de la microbiota intestinal en el desarrollo sano de los bebés


La microbiota, un conjunto de bacterias presentes en el intestino, es especialmente importante para el desarrollo de un sistema inmunitario fuerte. Tanto es así que una microbiota sana es esencial para evitar trastornos inmunológicos, como alergias alimentarias o asma. Puesto que la microbiota sigue evolucionando tras el nacimiento, la leche materna y el destete tienen una gran influencia en este proceso.
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Gut microbiota

La actividad enzimática del intestino


La actividad enzimática del intestino es un requisito previo fundamental para una digestión apropiada. La actividad enzimática que permite la digestión de hidratos de carbono suele aparecer al final del segundo trimestre del embarazo. Las enzimas responsables de la digestión de proteínas y lípidos se activan poco después. Otro requisito previo para la alimentación satisfactoria e independiente del niño tras el nacimiento es el establecimiento de la movilidad funcional del intestino.
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Diagram of the process of enzymatic fragmentation
  • Anatomía y desarrollo del sistema gastrointestinal


    En general, el aparato digestivo de un bebé es ya similar al de su homólogo adulto. Sin embargo, sí existen algunas diferencias debido a la inmadurez de los órganos, así como a su funcionamiento e interacción. Una de las diferencias más significativas es el reducido volumen estomacal del recién nacido, que tiene una capacidad de entre 60 y 90 ml. Esto supone una serie de implicaciones lógicas respecto a la frecuencia y a la tolerancia de las tomas. La movilidad del intestino inmaduro (es decir, la capacidad de mover por la luz del intestino el contenido del mismo) es otra de las diferencias principales. Durante las fases posteriores de la vida, las deficiencias de movilidad son uno de los principales síntomas de problemas e infecciones gastrointestinales (Dumont y Rudolph, 1994).

    Tras el nacimiento, el aparato digestivo inmaduro de un recién nacido necesita adaptarse a un entorno muy diferente al intrauterino. Esta adaptación tiene lugar durante un periodo de transición que puede acarrear una pérdida de hasta el 10% del peso del bebé al nacer. Desde un punto de vista nutricional, esta transición representa el cambio más importante en la vida de un ser humano. Para que este proceso se complete de forma satisfactoria, una condición previa necesaria sería el correcto desarrollo de las funciones fisiológicas del tracto digestivo. Éstas permiten que se realice la digestión y absorción de los nutrientes macromoleculares. Un segundo requisito previo sería el inicio de diversos procesos bioquímicos, especialmente aquellos necesarios para aportar energía, incluido el metabolismo cerebral.

    Este desarrollo viene facilitado por la lactancia, y supone un ejemplo más del papel indispensable que la leche materna desempeña en el desarrollo tanto de los recién nacidos como de los bebés prematuros (Neu, 2007). En la siguiente tabla aparece un resumen de los agentes presentes en la leche materna que afectan al crecimiento, desarrollo y funcionamiento del epitelio del intestino, al sistema inmunitario o a la inervación vegetativa del intestino (Goldmann 2000). Evidentemente, no existe una única sustancia que afecte a todos los aspectos de la fisiología gastrointestinal de un bebé, pero sí lo hace a mezcla total de los distintos factores bioactivos. Éste podría ser uno de los motivos a nivel de desarrollo de la riqueza de los componentes de la leche materna.

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  • El papel fundamental de la microbiota intestinal en el desarrollo sano de los bebés


    El intestino humano contiene una gran cantidad de bacterias diversas que constituyen lo que se conoce como microbiota. La microbiota es metabólicamente activa y apoya distintas funciones fisiológicas, especialmente las defensas inmunológicas. A pesar de que hay distintas opiniones al respecto, en este momento la teoría predominante es la de que no existen conjuntos de bacterias vivas en un feto sano dentro del útero (Pérez-Muñoz et al., 2017). Por consiguiente, la microbiota intestinal del bebé no empieza a evolucionar sino tras el nacimiento, y la transición hasta alcanzar su composición final va a la par con la transición a la alimentación en familia. Por lo tanto, el proceso termina generalmente durante el segundo año de vida del niño.

    En la siguiente imagen aparece representada de forma visual esta progresión (Tanaka y Nakayama, 2017). Tal y como se muestra, existen muchos factores externos que pueden interrumpir el proceso de maduración de la microbiota intestinal. El hecho de que tales interferencias impidan que el proceso se realice correctamente puede influir de forma significativa a la hora de padecer enfermedades inmunitarias, como alergias o asma (Stiemsma y Turvey, 2017).

    Nuevamente, la leche materna ayuda proporcionando diversos factores favorables que fomentan la colonización del intestino con bacterias probióticas beneficiosas. De hecho, parece que la leche materna representa una fuente de nutrición, protección y buena salud universalmente positiva. Además, el destete desempeña un papel fundamental, puesto que la introducción de alimentos sólidos conlleva cambios muy significativos en la composición de la microbiota. Posteriormente, la niñez estabiliza la comunidad microbiana en consonancia con los patrones alimenticios. Por el contrario, los factores hereditarios parecen desempeñar solo un papel menor. 

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  • La actividad enzimática del intestino


    En las semana 24 de gestación, el intestino del feto se ha desarrollado morfológica y fisiológicamente de tal manera que está preparado para la mayoría de las funciones necesarias para la actividad extrauterina. Entre ellas se incluyen las funciones hidrolíticas y de absorción del epitelio intestinal, el desarrollo de estructuras inmunitarias asociadas al intestino y su función endocrina (Xu, 1996).

    La imagen 1 resume el desarrollo de la actividad enzimática de las células de borde en cepillo del intestino delgado. Desde un punto de vista nutricional, cabe destacar que en la semana 24 o 25 de gestación la actividad de las enzimas fundamentales para la digestión de hidratos de carbono importantes está completamente presente. Esto quiere decir que, según el límite actualmente aceptado de la viabilidad prematura, los hidratos de carbono presentes en la leche de fórmula para bebés prematuros, como la lactosa o diversos polisacáridos, ya pueden ser digeridos. En las dos imágenes adjuntas se muestran más detalles (Lentze, 2012).

    La actividad enzimática de la tripsina y la quimotripsina, enzimas responsables de la digestión de proteínas, se desarrolla completamente durante la semana 26 del embarazo. Estas enzimas se activan mediante la aparición de la enterocinasa en el epitelio de borde en cepillo (ver imagen 2). Se puede observar un proceso similar en varias lipasas involucradas en la digestión de lípidos (Armand, 2007).

    En resumen: por un lado, el intestino de un bebé prematuro está preparado de forma básica para la alimentación oral desde la semana 25 o 26 de gestación. Por otra parte, pueden surgir de todos modos complicaciones con la nutrición entérica en los bebés prematuros. El problema subyacente suele estar relacionado con la motilidad del intestino, al no ser posible el avance del bolo alimenticio mediante peristaltismo intestinal. La actividad peristáltica posprandial completa aparece en algún momento a partir de la semana 30 de gestación y no antes. Se debe tener en cuenta este hecho a la hora de planificar la nutrición de los bebés prematuros. 

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